Los castillos de arena que se diluyen con el mar aparecen reflejados en estas obras efímeras, las construcciones y las pinturas murales de Lewitt que desaparecen con cada final de exposición. El artista y su equipo de colaboradores las destruía en el mismo momento en que dejaban de pensarlas. Al igual que un niño que idea fantasías arquitectónicas en su cabeza,Lewitt recurría a formas básicas como cuadrados y cubos para componer una danza de formas poéticas. La estructura minimalista resuena en dulce lirismo cuando Lewitt le otorga forma y color. Las líneas paralelas de su técnica de la proyección isométrica no son más que un pretexto conceptual, en el que no existe ni un yo (artista) ni un tú (espectador). La perspectiva se adivina por su ausencia vaciando de toda aura la creación del genio. Lewitt nos enseña a mirar más allá de lo que tenemos delante y a pensar la obra como la realización de un proyecto
estructural que se construye a partir de sus formas geométricas.
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